De Revolutionibus

Lucy Rees
Teoría
Publicaciones
Cursos
De Revolutionibus
La Montura
Caballos Salvajes
Otros
Mercado
Links

De Revolutionibus

Cada mañana, Phoebus Apolo ata sus caballos, hijos del viento, al carro del sol, y vuela a través del cielo, dejándose caer de vuelta a la tierra por la noche. Después de todo, los caballos deben comer. No puedes verlo porque la luz del sol ciega tus ojos, pero como crees que ocurre el amanecer cada día?

Si crees lo que ven tus ojos llegas a la conclusión poco fantástica de que el sol simplemente orbita la tierra, sin embargo rápidamente vuelves a hechos que reconstruyen el elemento fantasía. Las rutas planetarias se parecen a las que hacen los dervishes cuando giran, y las fases de la luna son, bueno, tonterías. Acabas inventando dioses que se comportan como niños mimados, o un Dios con una mente inescrutable. Solo años de observación te capacitan para predecir mas o menos adonde irán a parar los planetas, porque la teoría sola no puede.

Una visión egocéntrica o geocéntrica resulta errónea.

Fue Copérnico quien poniendo el sol en el centro, simplificó el misterio y las matemáticas; Galileo, que casi fue el primer astrónomo mártir pero salvó la vida mintiendo; Newton que con las leyes de la gravedad y movimiento dio sentido a las órbitas. Asimismo, muchos otros contribuyeron en producir esta imagen tan elegantemente simple, que su verdad ahora parece obvia y siempre está presente en cualquier atlas infantil. Las revoluciones no se dan de un dia para otro, ni tampoco son el producto de únicos flashes de genios: son, mas bien, iluminaciones emergentes puntualizadas por períodos de fuegos fatuos.

Esta revolución tanto en el pensamiento psicológico como en el científico tiene su humilde paralelismo en el horsemanship contemporáneo. Tradicionalmente nuestra visión de los caballos ha sido típicamente egocéntrica: Dios dio al hombre el dominio sobre todos los animales, los caballos están para servirnos, para que les muestren quién es el maestro. Desafortunadamente, Dios olvidó decírselo y resultan difíciles de convencer: retozan como dervishes rodantes y son capaces de hacer tonterias, aunque años de experiencia te ayudan a predecir algunas de sus excentricidades.


La etología de la evolución nos da una imagen de la claridad de Copérnico. El comportamiento de los caballos no gira entorno a nosotros, sino que lo hace en relación a la supervivencia y cría en la vida salvaje, donde ellos evitan ser cazados y viven juntos lo más harmoniosamente posible. Les gusta repetir las experiencias agradables y evitar las desagradables, y al ser rápidos aprendiendo, podemos adiestrarlos. Cuanto mas cerca estemos de mantener sus expectativas de evolución, más fácil es: los animales que quieren estar en cualquier otro sitio no aprenden fácilmente.


Por esta razón, en el entrenamiento en el picadero redondo en el que dejamos el caballo suelto, en donde usamos su entendimiento natural del lenguaje corporal y le permitimos perder sus desconfianzas en el tiempo que necesiten hasta que la curiosidad aparezca, es, o puede ser, mas fácil y rápido que de otros modos, con algunas salvedades. ( Una es que recordemos que un buen entrenamiento debe incluir refuerzos, facilidades y equilibrio, que siempre requiere tiempo). Afortunadamente no hay una inquisición ecuestre; si no, como a Giordano Bruno, me habrían quemado: aquí en España, con su historia de salvaje autoritarismo que acabó recientemente, el entrenamiento en el picadero redondo parece cosa de brujería y de drogas. Pero incluso en los países con una historia decente de democracia, el peso de los intereses humanos importa mucho. Nos gusta ser capaces de controlar y tener medios materiales para hacerlo. Y renunciar a las actitudes egocéntricas no es fácil.

Esto se refleja de dos maneras, la primera práctica. El entrenamiento “natural” puede producir resultados tan espectaculares como para ser la delicia de un exhibicionista. No es difícil mantener al caballo completamente pasivo y, para impresionar, trabajarlo hasta el punto que deja de aprender y cooperar pasiva en lugar de activamente, dejándose tratar rudamente. Esto satisface algunos; pero cada vez mas, los que tienen ojo crítico ven un acto de insensibilidad, una falta de interés, en caballos cuya huella, de Parelli o de entrenamiento en un picadero redondo, ha sido excesiva. En cualquier tipo de entrenamiento, la cualidad mas difícil de adquirir es la sensibilidad de saber cuando parar.

El segundo modo es más profundo, conceptual. En la revolución astronómica, un hecho importante para aceptar que no somos el centro del universo, fue mostrado por Tycho Brahe, quien aceptando que Copérnico estaba en lo cierto cuando decia que los planetas orbitaban alrededor del sol, decia que el sol daba vueltas alrededor de la tierra. Esto le provocó a el y a su discípulo Kepler espantosos dolores de cabeza. Conceptualmente, nuestra revolución tambien sufre de algún tipo de Tycho Brahe-ismo, falta de disposición en aceptar plenamente que no todos los animales comparten nuestro punto de vista. Eso concierne la dominancia.

Cuando compiten por recursos limitantes, un animal en un grupo tiende a tomar el control o la dominancia más rápido y fácilmente que otros. En algunos animales, especialmente en carnívoros sociales y primates, la dominancia es atractiva para los subordinados, quienes se aproximan al dominante con gestos serviles y permiten que les controle el comportamiento. El desobediente pasa hambre. En otros casos, como en los caballos, cuyo ambiente natural no presenta competencia por la comida, la reacción hacia el dominante es de evitación. En momentos de duda o amenaza externa, no se vuelven hacia el dominante sino hacia el lider en cuyo juicio confian. Copian las acciones y actitudes del líder voluntariamente.


Aunque ha sido demostrado que en caballos a) en condiciones naturales, las jerarquias de dominancia están tan pobremente desarrolladas que son invisibles y necesitan competencia creada artificialmente para desarrollarse, y b) en grupos parcialmente controlados, el lider y el dominante no son necesariamente el mismo individuo; hay poca disposición tanto por parte de domadores como de algunos científicos de abandonar las actitudes humanas de dominancia. Vivimos en una sociedad altamente competitiva, donde las jerarquias de poder, las batallas por el estatus y demás estan fuertemente enfatizadas. Una estructura social verdaderamente cooperativa, no jerárquica y no autoritaria es inconcebible para muchos, aunque podemos verlo a pequeña escala cada dia.

Así, muchos entrenadores de picadero redondo creen que la técnica es un modo psicológico de demostrar dominancia sobre el caballo, que es echado cada vez que no cumple con lo que se le pide, pero que luego viene hacia nosotros en busca de liderazgo y se somete a nuestro control. Esto es un modo de pensar confuso, que resulta en, como dice mi amiga Amy Coffman ( una atenta y experimentada observadora de los domadores “naturales” de America), un modo punitivo de usar el picadero redondo: el caballo está obligado a galopar hasta que se somete. Yo misma he observado esta actitud agresiva en algunos alumnos que han aprendido de otros. El único domador de picadero redondo que diferencia entre los roles jugados por el líder y por el dominante es Mark Rashid, quien probablemente ( estoy suponiendo) no ha leído literatura científica pero es un observador agudo e imparcial. Es curioso que los que saben que las actitudes dominantes repelen a los caballos, alcanzan a comprender su verdadero significado: que los caballos no obedecen a los dominantes. Los evitan.

La única orden directa que un caballo dirige a otro es “ fuera de mi espacio”, que no nos ayuda mucho. No hay ninguna razón que nos haga suponer que ellos entienden ordenes o obediencia, aunque entienden el dolor y la incomodidad.


Si, en acorde con la etología equina, renunciamos al modelo de dominancia/obediencia, ¿cual es la base de la aparente obediencia del caballo? ¿Qué los hace tan complacientes?


Una posibilidad es que ellos simplemente aprenden, como está asumido en muchas formas de entrenamiento. Ambas, teoria y práctica muestran que usando la calma y el refuerzo positivo hacen este proceso más exitoso, pero esto solo no explica la rapidez del entrenamiento en el picadero redondo comparado con otras formas. ¿Puede ser que abandonando el modelo de dominancia/obediencia se nos abran los ojos a otros factores que gobiernan nuestra relación con el caballo? Yo creo que puede, y me gustaria presentar algunos que se han convertido en obvios para mi, en un deseo de que esto estimule la discusión.

Primero, asumo que estáis familiarizados con las ideas de que la comunicación natural hombre/caballo está basada en el lenguaje corporal, y que un caballo busca compañía fidedigna y de confianza cuando se siente inseguro. Entones el sigue a su líder, caballo o humano.

Pero hay mas sobre esto que el simple hecho de seguir. Cuando un grupo de caballos es atacado, se agrupan y se mueven como uno solo. Es un movimiento general de la presa que confunde el ojo del depredador, borrando la línea de cada individuo y dando a ver una unión enorme, la manada coordinada ( el rebaño, el banco o lo que tengas). En el movimiento del grupo en estado de pánico agitado, no hay modo de que cada miembro vea el líder; en cambio, cada cual suma su individualidad al todo, a la manada unitaria. Y esta coordinación es tan fundamental para la supervivencia que, como otros comportamientos de supervivencia, los caballos lo practican en sus juegos. Uno de los juegos favoritos de los potros es coordinarse, en pares o en pequeños grupos, practicando su intuición del próximo movimiento, hasta que se comportan como bailarines en perfecta sintonía o nadadores sincronizados.


Esto también lo hacen con nosotros, tanto a nivel emocional ( de calma, nervios, juego y demás) como a nivel físico. He visto a un potro y a un bailarín echarse al suelo simultáneamente, rodar y extender sus extremidades una tras de otra en perfecta armonía durante 20 minutos y ninguno de los 2, ni tan siquiera el bailarín, podía decir quién dirigía el show. Lo hacían juntos y nada mas.


Su deseo de coordinación es, yo creo, la enorme base que nos habilita para manejar y montar a los caballos. En un caballo que conozcas bien, puede haber un sentimiento de casi unidad mística en la que el caballo parece adivinar tus pensamientos bastante antes de que tu le des cualquier ayuda. De hecho, si preparas a un caballo joven, lo hace incluso en la primera ocasión de ser montado, moviéndose con extrema sensibilidad a las indicaciones de hacia donde os vais a dirigir, transmitidas solo por tu cuerpo. Las “ ayudas”, entonces, recobran su verdadero significado: ayudan a clarificar el tema, cuando los movimientos de tu cuerpo no son suficientemente específicos para provocar en el caballo los movimientos deseados, o cuando el caballo ha perdido momentáneamente el deseo, normalmente tan vital para el para ir contigo en coordinada armonía.

El confort es un punto importante aquí. A los caballos les gusta sentirse confortables. Las ayudas son pequeñas irritaciones que el caballo evita moviéndose. Algunos jovencitos intentan desprenderse de ellas de otros modos al principio, como si de moscas se tratara, mordiendo o pateando tus pies, o sacudiendo sus cabezas. De todos modos, si continuas insistiendo, sin incrementar la intensidad de la señal, y paras inmediatamente solo cuando el movimiento deseado ocurre, el caballo rápidamente aprende donde reside el confort; la próxima vez se moverá mas pronto, antes de que las ayudas lleguen al punto de la irritación. Las ayudas efectivas deben estar correctamente temporizadas, bien puestas y deben ser intermitentes, vibratorias. La presión sostenida, que se incrementa gradualmente, solo provocan que el caballo responda con tensión.

La ausencia de tensión es crucial para obtener la respuesta de escapar a la presión, porque un músculo tenso no cede a la presión: todavía se tensa más. Esto no es una característica peculiar de los caballos ( lo siento, Monty), sino el resultado de los reflejos espinales que nosotros y otros animales también poseemos. El caballo tenso se tensa mas en contra de la presión, o incluso se mueve hacia ella. Cuando está relajado, escapa de ella. No tiene que aprender, como a veces se cree, a escapar de la presión, si tu sabes como, cuando y donde aplicarla. El caballo joven normalmente parece hacerlo, simplemente porque pierde la tensión cuando la situación deja de ser desconocida. Si está verdaderamente libre de tensión, responde a las ayudas perfectamente la primera vez que lo montas. Al ser tan bueno coordinándose, cualquier tensión por tu parte inducirá tensión en el.

Otro concepto universal, a mi parecer, es el bloqueo. Los caballos entienden la idea de ser bloqueados, tanto por objetos como por accidentes geográficos o otros animales. Los potrillos bloquean los caminos de sus madres cuando quieren comer, una madre celosa bloquea a otra para que no acceda al semental; los caballos nos bloquean para que no podamos alcanzar el comedero con el cubo. Los juegos del bloqueo se usan en los juegos, así como nosotros los usamos en el picadero redondo para girar un caballo. El bloqueo dice “por ahí no”.

Sabemos que los caballos de manera natural odian la sensación de estar reprimidos, atados con cuerdas, o sostenidos firmemente. En nuestra ansiedad por el control, nos provocamos problemas justamente por hacerlo. Entender el bloqueo, vierte una luz diferente sobre el efecto de un ramal: le recuerda al caballo que no debe irse o comer hierba cuando otros intereses predominan en la coordinación contigo. Para el resto del tiempo, no lo necesitas. Similarmente, las riendas no significan control por presión constante sino que son un canal de comunicación a través del cual coordinas tu mano con la cabeza del caballo, ocasionalmente bloqueando su movimiento solo con parar tu mano. Un caballo voluntarioso se adiestra mejor bloqueando sus movimientos indeseados, esperando hasta que acepta el bloqueo, y luego pidiéndole que siga en la dirección que deseamos, en lugar de forzarlo cuando está inclinado hacia otra cosa.

Coordinación, confort, entender los bloqueos y el lenguaje corporal: estos me parecen los factores que influencian mas en nuestras interacciones con el caballo, como una primera tentativa de las leyes Newtonianas del horsemanship. Se ponen en movimiento no solo por el gusto del caballo por ello sino además por resolver problemas satisfactoriamente, que para el significa seguridad y confort emergente. Como a nosotros, se deleitan en probar su conocimiento en experimentos guiados mas que en aprender forzada e insistentemente. A estos principios, debemos añadir un entendimiento apropiado de cómo los musculos, el cuerpo y el equilibrio funcionan si queremos trabajar bien juntos.

Aunque este análisis es, ahora mismo, provisional, estoy alentada por su simplicidad ( las leyes naturales tienden a ser pocas y simples: son sus interacciones las que dan lugar a la complejidad y variabilidad) y por la rapidez y comprensión con que la gente aprende cuando son enseñados bajo estos principios.

La verdadera doma natural, por lo tanto, no es un esquema de enseñanza, a pesar de estar bien construido, sino mas bien una dedicación al análisis del comportamiento natural del caballo y su aplicación a las interacciones caballo/hombre. Es difícil, en contra del peso de la tradición y la naturaleza jerárquica de nuestra sociedad, descartar el punto de vista fundamentalmente humano, así como es difícil sentir a la tierra girar y orbitar. ¿El sol sale, verdad? Pero el análisis sutil permanece certero a los hechos. No tenemos que descartar el conocimiento costosamente adquirido en el pasado, el entendimiento del movimiento y del equilibrio, la progresión de determinados ejercicios hacia determinados fines, el modo de enseñar con éxito. Esto es tan válido como las observaciones de los antiguos sobre el movimiento de los planetas. Pero el armazón teórico en el que estaban apoyados ha dado siempre problemas tanto a los que tienen falta de la mágica intuición que poseen unos pocos con suerte como a los que poseen años de dedicada experiencia, por la simple razón de que es incompleto. Por supuesto que yo no lo tengo, pero ya es hora de que pensemos en el.


Copyright © 2003 Lucy Rees