FASES DE LA DOMA
 

 

1. PRIMER CONTACTO

* Enseñanza apropiada para la etapa de vida del potro

Los potrillos recién nacidos aprenden rapidísimo lo que será normal en sus vidas. Aprovechamos sus primeros días de vida para introducirnos, tocarles por todas partes, cogerles las manos y los pies, etc., mediante el uso del sistema conocido como imprinting (término popular pero científicamente incorrecto).

Dejamos al potrillo con su madre y los demás, en libertad. Destetamos con el mínimo estrés, separando al potro de su madre mediante una barrera que les permita verse y tocarse pero que impida al potro mamar, y juntándolo con otros conocidos (ver foto de abajo).

El estrés durante el destete detiene el crecimiento, provoca problemas de digestión y crea estereotipos en el potro. Enseñamos al potro a que nos siga del ramal, y damos paseos con él para que aprenda a confiar en nosotros, pasar dificultades y ver lo que hay en el mundo exterior. Si nos comportamos bien, es decir, siempre estamos calmados y dando consejo y apoyo sin asustarnos, estos paseos forjarán un fuerte vínculo de confianza. A los dos años podemos dar estos paseos con riendas largas, y con montura (sin subirnos todavía)

 

* First time in the round pen

Utilizamos un picadero redondo de 18-20 metros de diámetro y soltamos al caballo dentro para que se revuelque y se estire antes de empezar el trabajo.

La doma en el picadero redondo es fácil, rápida, muy versátil y apta tanto para potros como para caballos resabiados. Se consigue un caballo confiado, calmado, sensible, con movimientos libres y atento al domador. Cuando el potro sea lo bastante fuerte tendrá la mejor base para avanzar hacia cualquier disciplina especializada. El domador aprende del mismo caballo a tener buena mano y tacto y a sentir cuándo el caballo está preparado para aprender más; así se llega a una doma avanzada con menos problemas. El caballo tiene dos formas de llegar a sentirse seguro: huir o buscar la compañía de alguien (caballo o humano) en quien confiar. Queremos enseñarle que la segunda es la mejor. Y no queremos montar un caballo tenso.

Hoy en día ésta es la forma de doma inicial más popular en los Estados Unidos y está ganando fuerza en el norte de Europa. El Ejército Británico la utiliza ya, con gran éxito.

Así pues, dejamos al caballo libre, lo movemos a una mano y a otra, y lo hacemos girar a derecha e izquierda, hasta que entienda que puede huir pero que esto no le lleva a ninguna parte; cuando se da cuenta de que no hay peligro, se relaja completamente. Tenemos que controlar muy bien nuestros gestos y movimientos para conseguir los efectos deseados. No queremos asustar al animal, sino moverle para que vea que nos comunicamos con señales claras y naturalmente comprensibles para él.

Cuando se relaja le invitamos a parar, nos acercamos con tacto y le acariciamos por todas partes, incluidos manos y pies, con tranquilidad. Si se aleja nervioso le tocaremos más despacio y con más suavidad. Si se aleja por falta de atención le ponemos a dar vueltas otra vez hasta que se centre en nosotros.

Si nos muerde le echamos con rabia como haría otro caballo, antes de dejarle venir otra vez. Normalmente el caballo se siente feliz con nuestra demostración de seguridad que nos sigue si nos alejamos, se para si nos paramos y gira con nosotros coordinando sus movimientos con los nuestros. Los hay que nos se convencen tan rápido y tendremos que trabajar más hasta ganar su confianza, momento en el que le felicitaremos por su elección.

Siempre potenciamos las buenas respuestas e ignoramos los errores.

A partir de ahora trabajamos con una cuerda y se la atamos al cuello para que si se asusta y sale corriendo no pueda perderla e incluso le moleste más así que si se quedara quieto.

No sujetamos al caballo. Ponemos el resto de la cuerda sobre su cuerpo en varias posiciones y en cada una de ellas le invitamos a que nos siga. Estos pasos convencen al caballo de que huir es más molesto que permanecer a nuestro lado y coordinarse con nosotros, lo que hace que se sienta seguro aunque hagamos cosas un poco raras para él. De esta forma aprenden que las cuerdas y las mantas sólo son un juego, incluso se acercan más a nosotros cuando no se sienten seguros o tienen miedo.

De estas lecciones resultan potros seguros al montarlos en el campo. Si se asustan no salen corriendo sino que se paran de inmediato, en busca de nuestro apoyo y consejo.

Si el caballo ha aprendido bien el juego previo, la montura nunca es un problema y la acepta fácilmente incluso estando suelto.

Las primeras montas se hacen con cuidado, procurando en todo momento evitar cualquier tensión: nos subimos a un estribo y, sin pasar aún nuestra pierna al otro lado de su cuerpo, nos apoyamos en la montura con nuestro vientre. Aunque no resulta cómodo es mucho más seguro. En estos momentos no nos podemos poner tensos si queremos ganar la confianza del potro. Sólo cuando hemos sido capaces de hacer círculos y paradas podremos pasar la pierna al otro lado de su cuerpo.

Al principio montamos los potros con cabezada de cuadra porque, como decía Nuno Oliveira, notamos que el filete, incluso en caballos acostumbrados a él, impide el movimiento fluido y no les para si salen corriendo sino que les acelera.

No resulta posible hacer un relato completo del trabajo con un caballo, sólo la experiencia será nuestra maestra. La gente inexperta tiene poca conciencia de lo que el caballo dice con la actitud de su cuerpo, su posición, la suavidad o brusquedad de sus movimientos. Será necesario alguien experto para interpretar sus errores. Sin embargo la mayoría de la gente aprende rápido, como los caballos.

Utilizamos este tipo de trabajo con el caballo suelto para enseñar a los principiantes a acercarse a él, a tocarle y a manejarle; es una práctica excelente para todos y da mucha confianza. También trabajamos así con caballos ya domados, para relajarlos hasta que se puedan montar a pelo (sin montura), sólo con una cuerda alrededor del cuello. Este trabajo siempre mejora la relación entre cualquier caballo y su jinete.

Muchas veces los caballos no dan lo mejor de si mismos porque sienten que el jinete no busca una relación placentera sino que simplemente está usando instrumentos y siguiendo reglas. Sin delicadeza todo lo que hace el caballo es forzado. La delicadeza es un requisito necesario para alcanzar el estado de gracia indispensable en el arte.

Adiestrar un caballo no es solo ganar su sumisión, como se dice a menudo. Significa también asegurarse de que el caballo disfrute haciendo lo que se le pide.

" En la vida, cuando dos seres vivos dan lo mejor de si mismos para realizarse, sucede algo maravilloso" Nuno Oliveira

 

   

 

2. FORTALECER: LA DOMA EN EL CAMPO

El potro coordina sus movimientos con los nuestros no sólo a pie tierra, sino también cuando lo montamos. Pero tenemos que presentar las ayudas de manera que las entienda, debemos entablar con él una conversación a través de nuestro cuerpo. Una vez que el caballo pare bien a nuestra voz y a nuestras ayudas corporales y pueda trotar libremente en el picadero, estamos preparados para salir al campo. El potro tiene una tendencia natural de explorar el mundo y sabe que necesita consejo.

Como su dorso es débil y se cansa pronto, ponemos mucha manta debajo de la montura y montamos con los estribos un poco cortos apoyándonos más en ellos que sobre su lomo, trotamos a la inglesa y galopamos en suspensión y buscamos subidas fuertes para fortalecer su dorso. Montamos con las riendas muy sueltas animándole a moverse libremente y dejándole que descubra su propio equilibrio en terreno abrupto y complicado.

No montamos más de 10 o 15 minutos seguidos, y desmontamos a la vista de cualquier complicación como perros agresivos, carreteras... De vez en cuando le dejamos comer la hierba fresca. Así el potro disfrutará de sus excursiones y le alegrará vernos llegar hasta él con la cabezada para ponérsela.

A un potro le hace falta confianza para ir hacia adelante, y debemos ser pacientes dejándole parar para explorar las novedades que pueda. Esta fase irá pasando a medida que aumente su confianza.

Utilizamos subidas fuertes, bosques inclinados y cualquier irregularidad del terreno para flexibilizar, fortalecer y equilibrar al potro, para que cuando empiece su doma en la pista se encuentre preparado.

 

 

3. LA BANDEROLA Y LOS OBSTÁCULOS

La banderola ( un simple trozo de tela o plástico atado a un extremo de un palo de un metro) se utiliza para indicar al caballo hacia donde moverse, NO PARA ASUSTARLE. Podrá servir para:

- Reeducar a un caballo que no tiene respeto al ramal y va por donde quiere. El "Esteban" (la forma de banderola más fuerte), tiene cintas de plástico reflectantes, coloridas y ruidosas que respetan hasta los sementales más fuertes y "chulos" ante la presencia de yeguas. Con ello evitamos el uso del serretón, que rompería su nariz.

- Los caballos, que por haber pasado su juventud encerrados y aislados, no tienen educación social ni respeto a nuestro espacio vital, y se nos echan encima.

- Pasar con ramal obstáculos colocados por el suelo. Este trabajo, hecho con calma y paso a paso, proporciona gran maniobrabilidad al potro, enseña a un caballo nervioso a enfrentarse a los problemas con tranquilidad, mejora las respuestas de un caballo torpe. Y es la mejor base para enseñar a un potro a montar en un remolque. Es muy útil también en la hípica: haciendo maniobras entre obstáculos complicados desde el suelo, los principiantes aquieren gran confianza, aprenden a ver cómo se mueve el caballo y qué pierna deben utilizar cuando lo hagan montados. Resulta muy divertido sobre todo con un caballo calmado montado a pelo, sólo con una cuerda en su cuello.

- Introducir al trabajo pie a tierra de doma clásica o de alta escuela. Normalmente se emplea una fusta fina y negra que el caballo no puede ver. Un trocito de plástico atado al final les ayuda mucho.

 

 

 

 

 

 

 

 

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