Aunque algunas de nuestras técnicas son nuevas, desde luego muchas
otras son conocidas por los que crían, doman y montan sus caballos
de una forma feliz para ambos.
Cría y mantenimiento del caballo en condiciones de bienestar
físico y mental
Enseñanza apropiada para la etapa de vida del
potro
Primera doma en el picadero redondo
La doma en el campo
La banderola y los obstáculos
La monta natural
Los caballos resabiados y problemáticos
Las fuentes de la doma natural
Las fuentes para estas prácticas son los conocimientos de etología, de fisiología, de biomecánica, de psicología animal y experimental; de veterinarios, fisioterapeutas, masajistas; de los maestros de doma clásica, de salto, etc.; de los hermanos Dorrance y Ray Hunt, cowboys de trabajo que se hartaban de pelear con caballos salvajes y resabiados; sobre todo de la experiencia con caballos salvajes.
El caballo es un animal libre que aprende sus normas sociales criándose
en una manada y que come de 13 a 18 horas diarias.
La cuadra, sin libertad, sin compañía, sin bastante tiempo para
masticar, representa un entorno muy estresante para los caballos: se ponen
nerviosos e hiperexcitables, desarrollan vicios de cuadra o se deprimen. Su
fertilidad, su resistencia a las infecciones, su circulación y su digestión
sufren y muchos mueren de cólicos.
El caballo necesita al menos unas horas diarias libres en las que pueda ver
y tener compañía, por ejemplo en corrales si no disponemos de
prados.
Los potros que han sido criados aislados y en cuadras no aprenden las normas
sociales que los adultos enseñan en una manada y nosotros seremos incapaces
de enseñarles bien. Por lo general estos potros son mucho mas difíciles
de tratar y domar que aquéllos criados en libertad y en grupos.
Los
sementales son los vigilantes y protectores de sus manadas y no pueden desempeñar
este papel si los tenemos encerrados y aislados. El semental estará
siempre más tranquilo si está situado donde pueda vigilar a
los demás y contactar con vecinos tranquilos y permanentes.
Como cualquier deportista, el caballo antes de ser montado necesita tener la oportunidad de jugar y revolcarse para estirar músculos entumecidos botándose y desfogándose y así poder empezar su trabajo de la forma más cómoda posible.
El
examen táctil para detectar dolores es imprescindible, como también
lo es comprender los gestos de molestia provocados por la montura, la embocadura,
los dientes, etc... Nunca se castiga, siempre se investiga.
El caballo cómodo y comprendido, se mueve con ganas, el que no, no.
Los potrillos recién
nacidos aprenden rapidísimo lo que será normal en sus vidas.
Aprovechamos sus primeros días de vida para introducirnos, tocarles
por todas partes, cogerles las manos y los pies, etc., mediante el uso del
sistema conocido como imprinting (término popular pero científicamente
incorrecto).
Dejamos al potrillo con su madre y los demás, en libertad.
Destetamos con el mínimo de estrés, separando
al potro de su madre mediante una barrera que les permita verse y tocarse
pero que impida al potro mamar y juntándolo con otros conocidos. El
estrés durante el destete detiene el crecimiento, provoca problemas
de digestión y crea estereotipos en el potro.
Enseñamos al potro a que nos siga del ramal, y damos paseos con él
para que aprenda a confiar en nosotros, pasar dificultades y ver lo que hay
en el mundo exterior. Si nos comportamos bien, es decir, siempre estamos calmados
y dando consejo y apoyo sin asustarnos, estos paseos forjarán un fuerte
vínculo de confianza.
A los 2 años podemos dar estos paseos con riendas largas, y con montura.
La doma en el picadero redondo es fácil, rápida, muy versátil y apta tanto para potros como para caballos resabiados. Se consigue un caballo confiado, calmado, sensible, con movimientos libres y atento al domador. Cuando el potro sea lo bastante fuerte tendrá la mejor base para avanzar hacia cualquier disciplina especializada. El domador aprende del mismo caballo a tener buena mano y tacto y a sentir cuándo el caballo está preparado para aprender más; así se llega a una doma avanzada con menos problemas.
Hoy en día ésta es la forma de doma inicial más popular
en los Estados Unidos y está ganando fuerza en el norte de Europa.
El Ejército Británico la utiliza ya, con gran éxito.
Utilizamos un picadero redondo de 18-20 metros de diámetro y soltamos
al caballo dentro para que se revuelque y se estire antes de empezar el trabajo.
El caballo tiene dos formas de llegar a sentirse seguro: huir o buscar la compañía de alguien (caballo o humano) en quien confiar. Queremos enseñarle que la segunda es la mejor. Y no queremos montar un caballo tenso.

Así pues, dejamos al caballo libre, lo movemos a una mano y a otra, y lo hacemos girar a derecha e izquierda, hasta que entienda que puede huir pero que esto no le lleva a ninguna parte; cuando se da cuenta de que no hay peligro, se relaja completamente. Tenemos que controlar muy bien nuestros gestos y movimientos para conseguir los efectos deseados. No queremos asustar al animal, sino moverle para que vea que nos comunicamos con señales claras y naturalmente comprensibles para él.
Cuando se relaja le invitamos
a parar, nos acercamos con tacto y le acariciamos por todas partes, incluidos
manos y pies, con tranquilidad. Si se aleja nervioso le tocaremos más
despacio y con más suavidad. Si se aleja por falta de atención
le ponemos a dar vueltas otra vez hasta que se centre en nosotros. Si nos
muerde le echamos con rabia, como haría otro caballo, antes de dejarle
venir otra vez.
Normalmente, el caballo se siente tan feliz con nuestra demostración
de seguridad que nos sigue si nos alejamos, se para si nos paramos y gira
con nosotros coordinando sus movimientos con los nuestros. Los hay que no
se convencen tan rápido y tendremos que trabajar más hasta ganar
su confianza, momento en que le felicitaremos por su elección.
Siempre potenciamos las buenas respuestas e ignoramos los errores.
A partir de ahora trabajamos
con una cuerda y se la atamos al cuello para que si se asusta y sale corriendo
no pueda perderla e incluso le moleste más así que si se quedara
quieto. No sujetamos al caballo. Ponemos el resto de la cuerda sobre su cuerpo
en varias posiciones y en cada una de ellas le invitamos a que nos siga. Estos
pasos convencen al caballo de que huir es más molesto que permanecer
a nuestro lado y coordinarse con nosotros lo que hace que se sienta seguro
aunque hagamos cosas un poco raras para él.
De esta forma aprenden rápidamente que las cuerdas y las mantas sólo
son un juego, incluso se acercan más a nosotros cuando no se sienten
seguros o tienen miedo.
De estas lecciones resultan potros seguros al montarlos en el campo. Si se asustan no salen corriendo sino que se paran de inmediato, en busca de nuestro apoyo y consejo.
Si el caballo ha aprendido
bien el juego previo la montura nunca es un problema y la acepta fácilmente
incluso estando suelto.
Las primeras montas se hacen con cuidado, procurando en todo momento evitar
cualquier tensión: nos subimos a un estribo y, sin pasar aún
nuestra pierna al otro lado de su cuerpo, nos apoyamos en la montura con nuestro
vientre. Aunque no resúlta cómodo es mucho más seguro.
En estos momentos no nos podemos poner tensos si queremos ganar la confianza
del potro. Sólo cuando hemos sido capaces de hacer círculos
y paradas podremos pasar la pierna al otro lado de su cuerpo.
Al principio montamos los potros con cabezada de cuadra porque, como decía
Nuno Oliveira, notamos que el filete, incluso en caballos acostumbrados a
él, impide el movimiento fluido y no les para si salen corriendo sino
que les acelera.
No resulta posible hacer un relato completo del trabajo con un caballo, sólo
la experiencia será nuestra maestra. La gente inexperta tiene poca
conciencia de lo que el caballo dice con la actitud de su cuerpo, su posición,
la suavidad o brusquedad de sus movimientos. Será necesario alguien
experto para interpretar sus errores. Sin embargo , la mayoría de la
gente aprende rápido, como los caballos.
Utilizamos
este tipo de trabajo con el caballo suelto para enseñar a los principiantes
a acercarse a él, a tocarle y a manejarle; es una práctica excelente
para todos y da mucha confianza. También trabajamos así con
caballos ya domados, para relajarlos hasta que se puedan montar a pelo (sin
montura) sólo con una cuerda alrededor del cuello. Ver también
caballos problemáticos y resabiados, abajo. Este trabajo siempre mejora
la relación entre cualquier caballo y su jinete.
El potro coordina sus movimientos con los nuestros no sólo pie a tierra, sino también cuando lo montamos. Pero tenemos que presentar las ayudas de forma que las entienda, debemos entablar con él una conversación a través de nuestro cuerpo. Una vez que el caballo pare bien a nuestra voz y a nuestras ayudas corporales y pueda trotar libre mente en el picadero, estamos preparados para salir al campo.
El potro tiene una tendencia natural de explorar el mundo y sabe que necesita
consejo.
Como su dorso es débil y se cansa pronto ponemos mucha manta debajo
de la montura y montamos con los estribos un poco cortos apoyándonos
más en ellos que sobre su lomo, trotamos a la inglesa y galopamos en
suspensión y buscamos subidas fuertes para fortalecer su dorso. Montamos
con las riendas muy sueltas animándole a moverse libremente y dejándole
que descubra su propio equilibrio en terreno abrupto y complicado. No montamos
más de 10 ó 15 minutos seguidos, y desmontamos a la vista de
cualquier complicación como perros agresivos, carreteras... De vez
en cuando le dejamos comer la hierba fresca. Así, el potro disfrutará
de sus excursiones y le alegrará vernos llegar hasta él con
su cabezada para ponérsela.
A un potro le hace falta confianza para ir hacia delante y debemos ser pacientes dejándole parar para explorar las novedades que pueda. Esta fase irá pasando según vaya aumentando su confianza.
Utilizamos subidas fuertes, bosques inclinados y cualquier irregularidad del terreno para flexibilizar, fortalecer y equilibrar al potro, para que cuando empiece su doma la en pista se encuentre preparado.
La banderola (un simple trozo de plástico o de tela atado en el extremo de un palo de 1 metro) se utiliza para indicarle al caballo hacia dónde moverse. NO es para asustarle. Así podrá servir para:
En muchas escuelas de doma avanzada (clásica, vaquera, western) utilizamos ayudas sofisticadas que no son entendidas por un potro ni por un caballo con poca doma formal, ni por una caballo que haya sido domado de otra forma.
Hay una manera de montar que es entendida naturalmente por todos los caballos, incluidos los potros que se montan por primera vez.
La monta natural es un esquema todavía experimental para aprender a montar de la forma más natural posible. Sirve tanto para principiantes como para experimentados, resulta muy divertida y ayuda mucho a descubrir la verdadera armonía con el caballo, incluso a un nivel básico.
El tratamiento de tales caballos suele tener mucho que ver con la educación de sus dueños. Depende de un análisis correcto de las raíces de sus problemas:
El caballo nunca trabaja bien si está incómodo o dolorido. Problemas de, de dolor o miedo a la embocadura (claro está que esto depende de la mano del jinete), de lesiones musculares o de columna vertebral causados por la fuerza aplicada contra un músculo tenso, de presiones de una montura inadecuada, de dolores musculares del dorso provocados por una mala portura cuando está montado, de mala postura el jinete, de un mal herraje y otros dan como resultado conductas problemáticas como malos gestos o incluso ataque, rechazos, levantadas de manos, nerviosismo y muchas otras cosas más.
El caballo siempre nos advierte de su malestar. La interpretación correcta de sus señales nos lleva al tratamiento adecuado en lugar de al castigo, que siempre empeorará el comportamiento.
La mala mano, el abuso de castigo, el uso de herramientas demasiado fuertes para la sensibilidad del animal desembocan en miedo que, debido a su expresión física en tensión supraespinal, puede incluso provocar lesiones. El miedo siempre tiene un mal efecto en el comportamiento del animal, por eso hemos de poner énfasis en la confianza.
El caballo nunca aprende bien a través del castigo, que provoca miedo y la reacción de intentar escapar. El uso del castigo tiene que ser muy exacto para tener los resultados que queremos, y normalmente no podemos aplicarlo en el momento exacto. Los caballos demasiado castigados o domados por medio del castigo se ponen nerviosos, son imprevisibles e incluso agresivos y suelen aprender a reaccionar de manera opuesta a la que queremos.
Es el resultado de una mala enseñanza. Cuando un caballo tiene un hábito fuerte a reaccionar mal ante ciertas situaciones o señales, necesita un programa de re-enseñanza muy bien pensado y aplicado para re-aprender.
El bienestar emocional del caballo es imprescindible para conseguir que se comporte bien. El caballo estresado es incapaz de aprender o funcionar bien. Normalizar su vida, en el sentido equino, dándole más libertad, oportunidades de ver y de estar en contacto con otros caballos y prestar atención a su dieta (más forraje), siempre ayuda.
Hay personas que inconscientemente dan señales contradictorias. El caballo interpreta más la intención de nuestro cuerpo que las señales que ha aprendido. Un ejemplo es el del principiante incapaz de poner un caballo a galopar dándole fuerte con las piernas porque su cuerpo está tan tenso que el caballo se bloquea.
Cuando un trauma se generaliza, el caballo parece imprevisible en sus ataques de pánico.
Éstos pueden provocar trastornos de comportamiento que sólo se resuelven con tratamiento veterinario.
La mala interpretación de las señales del caballo y el castigo de lo que es percibido como maldad crea gran cantidad de problemas.
El trabajo en el picadero redondo, combinado con atención al bienestar físico y emocional, ha probado ser una técnica muy efectiva en el análisis y resolución de tales problemas. En particular, los problemas de miedo o tensión tan habituales, que impiden que un caballo de doma consiga un buen nivel se resuelven rapidísimo.
Gran parte de nuestro trabajo es el tratamiento de caballos problemáticos, con los que tenemos éxitos espectaculares y fiables. Excepto en casos muy obvios que la gente es capaz de resolver por sí misma con un poco de conocimiento, resulta imposible dar un juicio concreto y cierto sin ver a la persona y al caballo juntos.
Son varias. Fuentes importantes son los estudios científicos de etología
(comportamiento animal), de psicología experimental (teoría
del aprendizaje), de fisiología, endocrinología y biomecánica.
En la medida en que la ciencia no deja de avanzar, también lo hace
la doma natural. No es un método fijo, es un movimiento abierto en
el que damos la bienvenida a cualquier opinión o información
que pueda adelentar nuestro conocimientos y así avanzar en nuestra
convivencia con los caballos. Por eso trabajamos con fisioterapeutas, veterinarios,
herradores, domadores de todas las escuelas, masajistas, guarnicioneros, etc.,
en un intercambio de información y puntos de vista.
Otra fuente es la experiencia personal en el trato con caballo que han recibido muchas formas de doma, de muchas razas y de muchos países. Sobre todo, la observación de caballos salvajes y su trato de luz a percepciones e interpretaciones del comportamientoque son difíciles de alcanzar por parte de aquélos que sólo conocen caballos domésticos, mantenidos en condiciones artificiales.
Otras fuentes son los libros y artículos de los grandes maestros de la doma clásica, de la doma western, del salto y otras.
Las técnicas del picadero redondo vienen originalmente de los hermanos Dorrance, del oeste de los Estados Unidos. Interpretados y enseñados por Ray Hunt, han tenido mucha influencia sobre muchos otros, entre ellos John Lyons, Pat Parelli, Monty Roberts y Steve Harris; tanto es así que esta técnica de doma es hoy la preferida en los Estados Unidos. La forma en que la enseñamos es la más enfocada al jinete español y sus conocimientos previos más dirigidos a la doma clásica y a la doma vaquera. Pero en toda forma de doma la base es la misma: conseguir un caballo confiado, atento, que utilice su cuerpo, ment y corazón lo mejor posible y con ganas de cooperar con nosotros.